Leon Trotsky (Publicado
en 1926-27)
Empecemos recordando que
cultura significó originalmente campo arado y cultivado, en
oposición a la floresta o al suelo virgen. La cultura se oponía a
la Naturaleza, es decir, lo que el hombre había conseguido con sus
esfuerzos se contrastaba con lo que había recibido de la Naturaleza.
Esta antítesis fundamental conserva su valor hoy día.
Cultura es todo lo que ha
sido creado, construido, aprendido, conquistado por el hombre en el
curso de su Historia, a diferencia de lo que ha recibido de la
Naturaleza, incluyendo la propia historia natural del hombre como
especie animal. La ciencia que estudia al hombre como producto de la
evolución animal se llama antropología. Pero desde el momento en
que el hombre se separó del reino animal -y esto sucedió cuando fue
capaz de utilizar los primeros instrumentos de piedra y madera y con
ellos armó los órganos de su cuerpo-, comenzó a crear y acumular
cultura, esto es, todo tipo de conocimientos y habilidades para
luchar con la Naturaleza y subyugarla.
Cuando hablamos de la
cultura acumulada por las generaciones pasadas pensamos
fundamentalmente en sus logros materiales, en la forma de los
instrumentos, en la maquinaria, en los edificios, en los
monumentos... ¿Es esto cultura? Desde luego son las formas
materiales en las que se ha ido depositando la cultura -cultura
material-. Ella es la que crea, sobre las bases proporcionadas por la
Naturaleza, el marco fundamental de nuestras vidas, nuestra vida
cotidiana, nuestro trabajo creativo. Pero la parte más preciosa de
la cultura es la que se deposita en la propia conciencia humana, los
métodos, costumbres, habilidades adquiridas y desarrolladas a partir
de la cultura material preexistente y que, a la vez que son resultado
suyo, la enriquecen. Por tanto, consideraremos como firmemente
demostrado que la cultura es un producto de la lucha del hombre por
la supervivencia, por la mejora de sus condiciones de vida, por el
aumento de poder. Pero de estas bases también han surgido las
clases. A través de su proceso de adaptación a la Naturaleza, en
conflicto con las fuerzas exteriores hostiles, la sociedad humana se
ha conformado como una compleja organización clasista. La estructura
de clase de la sociedad ha determinado en alto grado el contenido y
la forma de la historia humana, es decir, las relaciones materiales y
sus reflejos ideológicos. Esto significa que la cultura histórica
ha poseído un carácter de clase.
La sociedad esclavista,
la feudal, la burguesa, todas han engendrado su cultura
correspondiente, diferente en sus distintas etapas y con multitud de
formas de transición. La sociedad histórica ha sido una
organización para la explotación del hombre por el hombre. La
cultura ha servido a la organización de clase de la sociedad. La
sociedad de explotadores ha creado una cultura a su imagen y
semejanza. ¿Pero debemos estar por esto en contra de toda la cultura
del pasado?
Aquí existe, de hecho,
una profunda contradicción. Todo lo que ha sido conquistado, creado,
construido por los esfuerzos del hombre y que sirve para reforzar el
poder del hombre, es cultura. Sin embargo, dado que no se trata del
hombre individual, sino del hombre social, dado que en su esencia la
cultura es un fenómeno sociohistórico y que la sociedad histórica
ha sido y continúa siendo una sociedad de clases, la cultura se
convierte en el principal instrumento de la opresión de clase. Marx
dijo: “Las ideas dominantes de una época son esencialmente las
ideas de su clase dominante.” Esto también se aplica a toda la
cultura en su conjunto. Y, no obstante, nosotros decimos a la clase
obrera: asimila toda la cultura del pasado, de otra forma no
construirás el socialismo. ¿Cómo se explica esto?
Sobre esta contradicción
mucha gente ha dado un traspiés, y si los tropezones son tan
frecuentes es porque se enfoca la concepción de la sociedad de
clases de una forma superficial, semiidealista, olvidando que lo
fundamental de ella es la organización de la producción. Cada
sociedad de clases se ha constituido sobre determinados métodos de
lucha contra la Naturaleza, v estos métodos se han ido modificando
siguiendo el desarrollo de la técnica. ¿Qué es lo primero, la
organización clasista de una sociedad o sus fuerzas productivas? Sin
duda, sus fuerzas productivas. Sobre ellas es sobre lo que,
dependiendo de su desarrollo, se modelan y remodelan las sociedades.
En las fuerzas productivas se expresa de forma material la habilidad
económica de la Humanidad, su habilidad histórica, para asegurarse
la existencia. Sobre estos cimientos dinámicos se levantan las
clases que, en su interrelación, determinan el carácter de la
cultura.
Y ahora, antes que nada,
nos tenemos que preguntar con respecto a la técnica: ¿es únicamente
un instrumento de la opresión de clase? Basta exponer tal problema
para que se conteste inmediatamente: No; la técnica es la principal
conquista de la Humanidad; aunque hasta el momento haya servido como
instrumento de explotación, al mismo tiempo es la condición
fundamental para la emancipación de los explotados. La máquina
estrangula al esclavo asalariado dentro de su puño; pero el esclavo
sólo puede liberarse a través de la máquina. Aquí está la raíz
del problema.
Si no olvidamos que la
fuerza impulsara del proceso histórico es el desarrollo de las
fuerzas productivas, liberando al hombre de la dominación de la
Naturaleza, entonces encontramos que el proletariado necesita conocer
la totalidad de los conocimientos y técnicas creadas por la
Humanidad en el curso de su historia, para elevarse y reconstruir la
vida sobre los principios de la solidaridad.
“¿Impulsa la cultura a
la técnica, o es la técnica la que impulsa a la cultura?” Plantea
una de las preguntas que tengo ante mí por escrito. Es erróneo
plantear la cuestión de tal forma. La técnica no puede ser
enfrentada a la cultura, ya que constituye su principal instrumento.
Sin técnica no existe cultura. El desarrollo de la técnica impulsa
la cultura. Y la ciencia o la cultura general levantadas sobre la
base de la técnica, constituyen, a su vez, una potente ayuda para el
desarrollo posterior de la técnica. Nos encontramos ante una
interacción dialéctica.
Camaradas, si queréis un
ejemplo sencillo, pero expresivo de las contradicciones contenidas en
la propia técnica, no encontraréis otro mejor que el de los
ferrocarriles. Si veis los trenes de pasajeros de Europa occidental,
apreciaréis que tienen coches de diferentes “Clases”. Estas
clases nos traen a la memoria las clases de la sociedad capitalista.
Los coches de primera son para los privilegiados círculos
superiores; los de segunda clase, para la burguesía media; los de
tercera, para la pequeña burguesía, y los de cuarta, para el
proletariado, que antiguamente fue llamado, con muy buena razón, el
Cuarto Estado. En sí mismos, los ferrocarriles suponen una conquista
técnico-cultural colosal para la Humanidad y en un solo siglo han
transformado la faz de la Tierra. Pero la estructura clasista de la
sociedad también revierte en la de los medios de comunicación; y
nuestros ferrocarriles soviéticos aún están muy lejos de la
igualdad no sólo porque utilicen los coches heredados del pasado,
sino también porque la N. E. P. prepara el camino para la igualdad,
pero no la realiza.
Antes de la época del
ferrocarril la civilización se desenvolvía junto a las costas de
los mares y las riberas de los grandes ríos. El ferrocarril abrió
continentes enteros a la cultura capitalista. Una de las principales
causas, si no la principal, del atraso y la desolación del campo
ruso es la carencia de ferrocarriles, carreteras y caminos vecinales.
Así, las condiciones en que viven la mayoría de las aldeas son
todavía precapitalistas. Tenemos que vencer lo que es nuestro mayor
aliado y a la vez nuestro más grande adversario: nuestros grandes
espacios. La economía socialista es una economía planificada. La
planificación supone principalmente comunicación; y los medios de
comunicación más importantes son las carreteras y los
ferrocarriles. Toda nueva línea de ferrocarril es un camino hacia la
cultura, y en nuestras condiciones también un camino hacia el
socialismo. Además, al progresar la técnica de las comunicaciones y
la prosperidad del país, el entorno social de nuestros ferrocarriles
cambiará: desaparecerá la separación en distintas “clases”,
todo el mundo podrá viajar en coches cómodos... y ello si en ese
momento la gente todavía viaja en tren y no prefiere el aeroplano,
cuando sea accesible a todos.
Tomemos otro ejemplo: los
instrumentos del militarismo, los medios de exterminio. En este
campo, la naturaleza clasista de la sociedad se expresa de un modo
especialmente candente y repulsivo. Sin embargo, no existe sustancia
destructiva (explosiva o venenosa), cuyo descubrimiento no haya sido
en sí mismo una importante conquista científica y técnica. Las
sustancias explosivas o las venenosas también se usan para fines
creativos y han abierto nuevas posibilidades en el campo de la
investigación.
El proletariado sólo
puede tomar el poder quebrando la vieja maquinaria del Estado
clasista. Nosotros hemos llevado a cabo esta tarea como nadie lo
había hecho antes. Sin embargo, al construir la maquinaria del nuevo
Estado hemos tenido que utilizar, en un grado bastante considerable,
elementos del viejo. La futura reconstrucción socialista de la
maquinaria estatal está estrechamente ligada a nuestras
realizaciones políticas, económicas v culturales.
No debemos destrozar la
técnica. El proletariado ha tomado posesión de las fábricas
equipadas por la burguesía en el mismo estado en que las encontró
la revolución. El viejo equipo todavía nos sirve. Este hecho nos
muestra de manera gráfica y directa que no podemos renunciar a la
“herencia”. Sin embargo, la vieja técnica, en el estado en que
la hemos encontrado, es completamente inadecuada para el socialismo,
al constituir una cristalización de la anarquía de la economía
capitalista. La competencia entre diferentes empresas a la busca de
ganancias, la desigualdad de desarrollo entre los distintos sectores
de la economía, el atraso de ciertos campos, la atomización de la
agricultura, la apropiación de fuerza humana, todo ello encuentra en
la técnica una expresión de hierro y bronce. Pero mientras la
maquinaria de la opresión de clase puede ser destrozada por un golpe
revolucionario, la maquinaria productiva de la anarquía capitalista
sólo puede ser reconstruida en forma gradual. El período de
restauración en base al viejo equipo no ha hecho más que colocarnos
ante el umbral de esta enorme tarea. Debemos completarla cueste lo
que cueste.
La cultura espiritual es
tan contradictoria como la material. Y si de los arsenales y de los
almacenes de la cultura material tomamos y ponemos en circulación no
arcos y flechas, ni instrumentos de piedra, o de la Edad de Bronce,
sino las herramientas más desarrolladas y de técnica más moderna
de que podemos disponer, en lo referente a la cultura espiritual
debemos actuar de la misma forma.
El fundamental elemento
de la cultura de la vieja sociedad era la religión. Poseyó una
importancia suprema como forma de conocimiento y unidad humana; pero
por encima de todo, en ella se reflejaba la debilidad del hombre
frente a la Naturaleza y su impotencia dentro de la sociedad.
Nosotros rechazamos totalmente la religión y todos sus sustitutos.
Con la filosofía resulta
distinto. De la filosofía creada por la sociedad de clases debemos
tomar dos elementos inapreciables: el materialismo y la dialéctica.
Gracias a la combinación orgánica de ambos, Marx creó su método y
levantó su sistema. Y éste es el método que sustenta al leninismo.
Si pasamos a examinar la
ciencia, en el estricto sentido del término, es obvio que nos
encontramos ante una enorme reserva de conocimientos y técnicas
acumuladas por la Humanidad a través de su larga existencia. Es
verdad que se puede mostrar que en la ciencia, cuyo propósito es el
conocimiento de la realidad, hay muchas adulteraciones tendenciosas
de clase. Si hasta los ferrocarriles expresan la posición
privilegiada de unos y la pobreza de otros, esto que aparece todavía
más claro en la ciencia, cuyo material es en gran parte más
flexible que el metal y la madera con los que están hechos los
coches de tren. Pero tenemos que reconocer el hecho de que el trabajo
científico se alimenta fundamentalmente de la necesidad de lograr el
conocimiento de la Naturaleza. Aunque los intereses de clase han
introducido y todavía introducen tendencias falsas hasta en las
ciencias naturales, este proceso de falsificación está restringido
a unos límites tras los cuales empezaría a impedir directamente el
proceso tecnológico. Si examináis, las ciencias naturales de arriba
abajo, desde la acumulación de hechos elementales hasta las
generalizaciones más elevadas y complejas, cuanto más cercana a la
materia y a los hechos permanece, más fidedignos son los resultados
finales, y, por el contrario, cuanto más amplias son las
generalizaciones y más se aproxima la ciencia natural a la
filosofía, más sujetas están a la influencia de los intereses de
clase.
Las cosas son más
complicadas y difíciles al acercarnos a las ciencias sociales y a
las llamadas “humanidades”. También en esta esfera, por
supuesto, lo fundamental es conseguir el conocimiento de lo
existente. Gracias a este hecho tenemos la brillante escuela de los
economistas burgueses clásicos. Pero los intereses de clase, que
actúan mucho más directamente y con mayor vigor en el campo de las
ciencias sociales que en el de las ciencias naturales, pronto
frenaron el desarrollo del pensamiento económico de la sociedad
burguesa. Sin embargó, en este campo los comunistas estamos mejor
equipados que en ningún otro. Los teóricos socialistas, despertados
por la lucha obrera, han partido de la ciencia burguesa para después
criticarla, y han creado a través de los trabajos de Marx y Engels
el potente método del materialismo histórico y la espléndida
aplicación de este método en El Capital. Esto no significa, desde
luego, que estemos vacunados contra la influencia de las ideas
burguesas en el campo de la economía y la sociología. En absoluto;
a cada paso, las más vulgares tendencias del socialismo profesional
y de la pequeña burguesía Narodniki, han puesto en circulación
entre nosotros los viejos “tesoros” del conocimiento,
aprovechando para colar su mercancía las deformadas y
contradictorias relaciones de la época de transición. A pesar de
todo, en esta esfera contamos con los criterios indispensables del
marxismo verificadas y enriquecidas por las obras de Lenin. Y
rebatiremos con más vigor a los economistas y a los sociólogos
vulgares si no cerrarnos los ojos a la experiencia cotidiana y si
consideramos el desarrollo mundial como una totalidad, sabiendo
distinguir sus rasgos fundamentales bajo los que no son más que
simples cambios coyunturales.
En general, en el campo
del derecho, la moral o la ideología, la situación de la ciencia
burguesa es todavía más lamentable que en el de la economía. Para
encontrar una perla de conocimiento auténtico en estas esferas es
necesario rebuscar en decenas de estercolemos profesionales.
La dialéctica y el
materialismo son los elementos básicos del conocimiento marxista del
mundo. Pero esto no significa que puedan ser aplicados a cualquier
campo del conocimiento como si se tratara de una llave maestra. La
dialéctica no puede ser impuesta a los hechos, sino que tiene que
ser reducida de ellos, de su naturaleza y desarrollo. Solamente una
concienzuda labor sobre una enorme masa de materiales posibilitó a
Marx aplicar el sistema dialéctico a la economía, y extraer la
concepción del valor como trabajo social. Marx construyó de la
misma forma sus obras históricas, e incluso sus artículos
periodísticos. El materialismo dialéctico únicamente puede ser
aplicado a nuevas esferas del conocimiento si nos situamos dentro de
ellas. Para superar la ciencia burguesa es preciso conocerla a fondo;
y no llegaréis a ninguna parte con críticas superficiales mediante
órdenes vacías. El aprender y el aplicar van codo a codo con el
análisis crítico. Tenemos el método, pero el trabajo a realizar es
suficiente para varias generaciones.
La crítica marxista en
la ciencia debe ser vigilante y prudente, de otra forma podría
degenerar en nueva charlatanería, en famusovismo. Tomad la
psicología; incluso la reflexología de Pavlov está completamente
dentro de los cauces del materialismo dialéctico; rompe
definitivamente la barrera existente entre la fisiología y la
psicología. El reflejo más simple es fisiológico, pero un sistema
de reflejos es el que no da la “consciencia”. La acumulación de
la cantidad fisiológica da una nueva cantidad “psicológica”. El
método de la escuela de Pavlov es experimental y concienzudo. Poco a
poco se va avanzando en las generalizaciones: desde la saliva de los
perros a la poesía -a los mecanismos mentales de la poesía, no a su
contenido social-, aun cuando los caminos que nos conducen a la
poesía aún no hayan sido desvelados.
La escuela del
psicoanalista vienés Freud procede de una manera distinta. Da por
sentado que la fuerza impulsara de los procesos psíquicos más
complejos y delicados es una necesidad fisiológica. En este sentido
general es materialista, incluso la cuestión de si no da demasiada
importancia a la problemática sexual en detrimento de otras, es ya
una disputa dentro de las fronteras del materialismo. Pero el
psicoanalista no se aproxima al problema de la conciencia de forma
experimental, es decir, yendo del fenómeno más inferior al más
elevado, desde el reflejo más sencillo al más complejo, sino que
trata de superar todas estas fases intermedias de un salto, de arriba
hacia abajo, del mito religioso al poema lírico o el sueño a los
fundamentos psicológicos de la psique.
Los idealistas nos dicen
que la psique es una entidad independiente, que el “alma” es un
pozo sin fondo. Tanto Pavlov como Freud piensan que el fondo
pertenecen a la fisiología. Pero Pavlov desciende al fondo del pozo,
como un buzo, e investiga laboriosamente subiendo poco a poco a la
superficie, mientras que Freud permanece junto al pozo y trata de
captar, con mirada penetrante, la forma de los objetos que están en
el fondo. El método de Pavlov es experimental; el de Freud está
basado en conjeturas, a veces en conjeturas, a veces en conjeturas
fantásticas. El intento de declarar al psicoanálisis “incompatible”
con el marxismo y volver la espalda a Freud es demasiado simple, o
más exactamente demasiado simplista. No se trata de que estemos
obligados a adoptar su método, pero hay que reconocer que es una
hipótesis de trabajo que puede producir y produce sin duda
reducciones y conjeturas que se mantienen dentro de las líneas de la
psicología materialista. Dentro de su propio método, el
procedimiento experimental facilitaría las pruebas para estas
conjeturas. Pero no tenemos ni motivo ni derecho para prohibir el
otro método, ya que, aun considerándole menos digno de confianza,
trata de anticipar la conclusión a la que el experimental se acerca
muy lentamente [1].
Por medio de estos
ejemplos quería mostrar, aunque sólo fuera parcialmente, tanto la
complejidad de nuestra herencia científica como la complejidad de
los caminos por los que el proletariado ha de avanzar para apropiarse
de ella. Si no podemos resolver por decreto los problemas de la
construcción económica y tenemos que “aprender a negociar”, así
tampoco puede resolver nada en el campo científico la publicación
de breves órdenes; con ellas sólo conseguiríamos daño y mantener
la ignorancia. Lo que necesitamos en este campo es “aprender a
aprender”.
El arte es una de las
formas mediante las que el hombre se sitúa en el mundo; en este
sentido el legado artístico no se distingue del científico o del
técnico, y no es menos contradictorio que ellos. Sin embargo, el
arte, a diferencia de la ciencia, es una forma de conocimiento del
mundo, no un sistema de leyes, sino un conjunto de imágenes y, a la
vez, una manera de crear ciertos sentimientos o actividades. El arte
de los siglos pasados ha hecho al hombre más complejo y flexible, ha
elevado su mentalidad a un grado superior y le ha enriquecido en
todos los órdenes. Este enriquecimiento constituye una preciosa
conquista cultural. El conocimiento del arte del pasado es, por
tanto, una condición necesaria tanto para la creación de nuevas
obras artísticas como para la construcción de una nueva sociedad,
ya que lo que necesita el comunismo son personas de mente muy
desarrollada. ¿Pero puede el arte del pasado enriquecernos con un
conocimiento artístico del mundo? Puede precisamente porque es capaz
de nutrir nuestros sentimientos y educarlos. Si repudiáramos el arte
del pasado de modo infundado, nos empobreceremos espiritualmente.
Hoy en día se advierte
una tendencia a defender la idea de que el único propósito del arte
es la inspiración de ciertos estados de ánimo y de ninguna manera
el conocimiento de la realidad. La conclusión que se extrae de ella
es: ¿con qué clase de sentimientos no nos infectará el arte de la
nobleza o de la burguesía? Esta concepción es radicalmente falsa.
El significado del arte como medio de conocimiento -también para la
masa popular, e incluso especialmente para ella- es muy superior a su
significado “sentimental”. La vieja épica, la fábula, la
canción, los relatos o la música popular proporcionan un tipo de
conocimiento gráfico, iluminan el pasado, dan un valor general a la
experiencia y sólo en conexión con ellos y gracias a esta conexión
nos podemos “sintonizar”. Esto también se aplica a toda la
literatura en general, no sólo a la poesía épica, sino también a
la lírica. Se aplica a la pintura y a la escultura. La única
excepción, a cierto nivel, es la música, ya que su efecto, aunque
poderoso, resulta parcial. También la música, por supuesto,
proporciona un determinado conocimiento de la naturaleza, de sus
sonidos y ritmos; pero aquí el conocimiento yace tan soterrado, los
resultados de la inspiración de la naturaleza son a tal grado
refractados a través de los nervios de la persona, que la música
aparece como una “revelación” autosuficiente. A menudo se han
hecho intentos de aproximar al resto de las formas artísticas a la
música, considerando a ésta como el arte más “infeccioso”,
pero esto siempre ha significado una depreciación del papel de la
inteligencia en el arte, a favor de una sentimentalidad informe, y en
este arte estos intentos han sido y son reaccionarios... Desde luego,
lo peor de todo son aquellas obras de “arte” que ni ofrecen
conocimientos gráficos ni “infección” artística, sino
pretensiones desorbitadas. En nuestro país se imprimen no pocas
obras de arte de este tipo, y desafortunadamente no en los libros de
texto de arte, sino en miles de copias...
La cultura es un fenómeno
social. Precisamente por ello el lenguaje, como órgano de
intercomunicación entre los hombres, es un instrumento más
importante. La cultura del propio lenguaje es la condición más
importante para el desarrollo de todas las ramas de la cultura,
especialmente la ciencia y el arte. De la misma forma que la técnica
no está satisfecha de los viejos aparatos de medición y crea otros
nuevos, micrómetros, voltámetros..., tratando de obtener y
obteniendo mayor precisión, así en material de lenguaje de
capacidad para escoger las palabras adecuadas y combinarlas de la
forma adecuada, se requiere un trabajo sistemático y tenaz para
conseguir el mayor grado de precisión, claridad e intensidad. La
base de este trabajo debe ser la lucha contra el analfabetismo,
semianalfabetismo y el alfabetismo rudimentario. El próximo paso
será la asimilación de la literatura clásica rusa.
Sí, la cultura fue el
principal instrumento de la opresión de clase; pero también es, y
sólo ella puede serlo, el instrumento de la emancipación
socialista.
Nota: