martes, 11 de marzo de 2014

Cultura y socialismo


Leon Trotsky (Publicado en 1926-27)

Empecemos recordando que cultura significó originalmente campo arado y cultivado, en oposición a la floresta o al suelo virgen. La cultura se oponía a la Naturaleza, es decir, lo que el hombre había conseguido con sus esfuerzos se contrastaba con lo que había recibido de la Naturaleza. Esta antítesis fundamental conserva su valor hoy día.

Cultura es todo lo que ha sido creado, construido, aprendido, conquistado por el hombre en el curso de su Historia, a diferencia de lo que ha recibido de la Naturaleza, incluyendo la propia historia natural del hombre como especie animal. La ciencia que estudia al hombre como producto de la evolución animal se llama antropología. Pero desde el momento en que el hombre se separó del reino animal -y esto sucedió cuando fue capaz de utilizar los primeros instrumentos de piedra y madera y con ellos armó los órganos de su cuerpo-, comenzó a crear y acumular cultura, esto es, todo tipo de conocimientos y habilidades para luchar con la Naturaleza y subyugarla.

Cuando hablamos de la cultura acumulada por las generaciones pasadas pensamos fundamentalmente en sus logros materiales, en la forma de los instrumentos, en la maquinaria, en los edificios, en los monumentos... ¿Es esto cultura? Desde luego son las formas materiales en las que se ha ido depositando la cultura -cultura material-. Ella es la que crea, sobre las bases proporcionadas por la Naturaleza, el marco fundamental de nuestras vidas, nuestra vida cotidiana, nuestro trabajo creativo. Pero la parte más preciosa de la cultura es la que se deposita en la propia conciencia humana, los métodos, costumbres, habilidades adquiridas y desarrolladas a partir de la cultura material preexistente y que, a la vez que son resultado suyo, la enriquecen. Por tanto, consideraremos como firmemente demostrado que la cultura es un producto de la lucha del hombre por la supervivencia, por la mejora de sus condiciones de vida, por el aumento de poder. Pero de estas bases también han surgido las clases. A través de su proceso de adaptación a la Naturaleza, en conflicto con las fuerzas exteriores hostiles, la sociedad humana se ha conformado como una compleja organización clasista. La estructura de clase de la sociedad ha determinado en alto grado el contenido y la forma de la historia humana, es decir, las relaciones materiales y sus reflejos ideológicos. Esto significa que la cultura histórica ha poseído un carácter de clase.

La sociedad esclavista, la feudal, la burguesa, todas han engendrado su cultura correspondiente, diferente en sus distintas etapas y con multitud de formas de transición. La sociedad histórica ha sido una organización para la explotación del hombre por el hombre. La cultura ha servido a la organización de clase de la sociedad. La sociedad de explotadores ha creado una cultura a su imagen y semejanza. ¿Pero debemos estar por esto en contra de toda la cultura del pasado?

Aquí existe, de hecho, una profunda contradicción. Todo lo que ha sido conquistado, creado, construido por los esfuerzos del hombre y que sirve para reforzar el poder del hombre, es cultura. Sin embargo, dado que no se trata del hombre individual, sino del hombre social, dado que en su esencia la cultura es un fenómeno sociohistórico y que la sociedad histórica ha sido y continúa siendo una sociedad de clases, la cultura se convierte en el principal instrumento de la opresión de clase. Marx dijo: “Las ideas dominantes de una época son esencialmente las ideas de su clase dominante.” Esto también se aplica a toda la cultura en su conjunto. Y, no obstante, nosotros decimos a la clase obrera: asimila toda la cultura del pasado, de otra forma no construirás el socialismo. ¿Cómo se explica esto?

Sobre esta contradicción mucha gente ha dado un traspiés, y si los tropezones son tan frecuentes es porque se enfoca la concepción de la sociedad de clases de una forma superficial, semiidealista, olvidando que lo fundamental de ella es la organización de la producción. Cada sociedad de clases se ha constituido sobre determinados métodos de lucha contra la Naturaleza, v estos métodos se han ido modificando siguiendo el desarrollo de la técnica. ¿Qué es lo primero, la organización clasista de una sociedad o sus fuerzas productivas? Sin duda, sus fuerzas productivas. Sobre ellas es sobre lo que, dependiendo de su desarrollo, se modelan y remodelan las sociedades. En las fuerzas productivas se expresa de forma material la habilidad económica de la Humanidad, su habilidad histórica, para asegurarse la existencia. Sobre estos cimientos dinámicos se levantan las clases que, en su interrelación, determinan el carácter de la cultura.

Y ahora, antes que nada, nos tenemos que preguntar con respecto a la técnica: ¿es únicamente un instrumento de la opresión de clase? Basta exponer tal problema para que se conteste inmediatamente: No; la técnica es la principal conquista de la Humanidad; aunque hasta el momento haya servido como instrumento de explotación, al mismo tiempo es la condición fundamental para la emancipación de los explotados. La máquina estrangula al esclavo asalariado dentro de su puño; pero el esclavo sólo puede liberarse a través de la máquina. Aquí está la raíz del problema.

Si no olvidamos que la fuerza impulsara del proceso histórico es el desarrollo de las fuerzas productivas, liberando al hombre de la dominación de la Naturaleza, entonces encontramos que el proletariado necesita conocer la totalidad de los conocimientos y técnicas creadas por la Humanidad en el curso de su historia, para elevarse y reconstruir la vida sobre los principios de la solidaridad.

“¿Impulsa la cultura a la técnica, o es la técnica la que impulsa a la cultura?” Plantea una de las preguntas que tengo ante mí por escrito. Es erróneo plantear la cuestión de tal forma. La técnica no puede ser enfrentada a la cultura, ya que constituye su principal instrumento. Sin técnica no existe cultura. El desarrollo de la técnica impulsa la cultura. Y la ciencia o la cultura general levantadas sobre la base de la técnica, constituyen, a su vez, una potente ayuda para el desarrollo posterior de la técnica. Nos encontramos ante una interacción dialéctica.

Camaradas, si queréis un ejemplo sencillo, pero expresivo de las contradicciones contenidas en la propia técnica, no encontraréis otro mejor que el de los ferrocarriles. Si veis los trenes de pasajeros de Europa occidental, apreciaréis que tienen coches de diferentes “Clases”. Estas clases nos traen a la memoria las clases de la sociedad capitalista. Los coches de primera son para los privilegiados círculos superiores; los de segunda clase, para la burguesía media; los de tercera, para la pequeña burguesía, y los de cuarta, para el proletariado, que antiguamente fue llamado, con muy buena razón, el Cuarto Estado. En sí mismos, los ferrocarriles suponen una conquista técnico-cultural colosal para la Humanidad y en un solo siglo han transformado la faz de la Tierra. Pero la estructura clasista de la sociedad también revierte en la de los medios de comunicación; y nuestros ferrocarriles soviéticos aún están muy lejos de la igualdad no sólo porque utilicen los coches heredados del pasado, sino también porque la N. E. P. prepara el camino para la igualdad, pero no la realiza.

Antes de la época del ferrocarril la civilización se desenvolvía junto a las costas de los mares y las riberas de los grandes ríos. El ferrocarril abrió continentes enteros a la cultura capitalista. Una de las principales causas, si no la principal, del atraso y la desolación del campo ruso es la carencia de ferrocarriles, carreteras y caminos vecinales. Así, las condiciones en que viven la mayoría de las aldeas son todavía precapitalistas. Tenemos que vencer lo que es nuestro mayor aliado y a la vez nuestro más grande adversario: nuestros grandes espacios. La economía socialista es una economía planificada. La planificación supone principalmente comunicación; y los medios de comunicación más importantes son las carreteras y los ferrocarriles. Toda nueva línea de ferrocarril es un camino hacia la cultura, y en nuestras condiciones también un camino hacia el socialismo. Además, al progresar la técnica de las comunicaciones y la prosperidad del país, el entorno social de nuestros ferrocarriles cambiará: desaparecerá la separación en distintas “clases”, todo el mundo podrá viajar en coches cómodos... y ello si en ese momento la gente todavía viaja en tren y no prefiere el aeroplano, cuando sea accesible a todos.

Tomemos otro ejemplo: los instrumentos del militarismo, los medios de exterminio. En este campo, la naturaleza clasista de la sociedad se expresa de un modo especialmente candente y repulsivo. Sin embargo, no existe sustancia destructiva (explosiva o venenosa), cuyo descubrimiento no haya sido en sí mismo una importante conquista científica y técnica. Las sustancias explosivas o las venenosas también se usan para fines creativos y han abierto nuevas posibilidades en el campo de la investigación.
El proletariado sólo puede tomar el poder quebrando la vieja maquinaria del Estado clasista. Nosotros hemos llevado a cabo esta tarea como nadie lo había hecho antes. Sin embargo, al construir la maquinaria del nuevo Estado hemos tenido que utilizar, en un grado bastante considerable, elementos del viejo. La futura reconstrucción socialista de la maquinaria estatal está estrechamente ligada a nuestras realizaciones políticas, económicas v culturales.

No debemos destrozar la técnica. El proletariado ha tomado posesión de las fábricas equipadas por la burguesía en el mismo estado en que las encontró la revolución. El viejo equipo todavía nos sirve. Este hecho nos muestra de manera gráfica y directa que no podemos renunciar a la “herencia”. Sin embargo, la vieja técnica, en el estado en que la hemos encontrado, es completamente inadecuada para el socialismo, al constituir una cristalización de la anarquía de la economía capitalista. La competencia entre diferentes empresas a la busca de ganancias, la desigualdad de desarrollo entre los distintos sectores de la economía, el atraso de ciertos campos, la atomización de la agricultura, la apropiación de fuerza humana, todo ello encuentra en la técnica una expresión de hierro y bronce. Pero mientras la maquinaria de la opresión de clase puede ser destrozada por un golpe revolucionario, la maquinaria productiva de la anarquía capitalista sólo puede ser reconstruida en forma gradual. El período de restauración en base al viejo equipo no ha hecho más que colocarnos ante el umbral de esta enorme tarea. Debemos completarla cueste lo que cueste.

La cultura espiritual es tan contradictoria como la material. Y si de los arsenales y de los almacenes de la cultura material tomamos y ponemos en circulación no arcos y flechas, ni instrumentos de piedra, o de la Edad de Bronce, sino las herramientas más desarrolladas y de técnica más moderna de que podemos disponer, en lo referente a la cultura espiritual debemos actuar de la misma forma.

El fundamental elemento de la cultura de la vieja sociedad era la religión. Poseyó una importancia suprema como forma de conocimiento y unidad humana; pero por encima de todo, en ella se reflejaba la debilidad del hombre frente a la Naturaleza y su impotencia dentro de la sociedad. Nosotros rechazamos totalmente la religión y todos sus sustitutos.

Con la filosofía resulta distinto. De la filosofía creada por la sociedad de clases debemos tomar dos elementos inapreciables: el materialismo y la dialéctica. Gracias a la combinación orgánica de ambos, Marx creó su método y levantó su sistema. Y éste es el método que sustenta al leninismo.

Si pasamos a examinar la ciencia, en el estricto sentido del término, es obvio que nos encontramos ante una enorme reserva de conocimientos y técnicas acumuladas por la Humanidad a través de su larga existencia. Es verdad que se puede mostrar que en la ciencia, cuyo propósito es el conocimiento de la realidad, hay muchas adulteraciones tendenciosas de clase. Si hasta los ferrocarriles expresan la posición privilegiada de unos y la pobreza de otros, esto que aparece todavía más claro en la ciencia, cuyo material es en gran parte más flexible que el metal y la madera con los que están hechos los coches de tren. Pero tenemos que reconocer el hecho de que el trabajo científico se alimenta fundamentalmente de la necesidad de lograr el conocimiento de la Naturaleza. Aunque los intereses de clase han introducido y todavía introducen tendencias falsas hasta en las ciencias naturales, este proceso de falsificación está restringido a unos límites tras los cuales empezaría a impedir directamente el proceso tecnológico. Si examináis, las ciencias naturales de arriba abajo, desde la acumulación de hechos elementales hasta las generalizaciones más elevadas y complejas, cuanto más cercana a la materia y a los hechos permanece, más fidedignos son los resultados finales, y, por el contrario, cuanto más amplias son las generalizaciones y más se aproxima la ciencia natural a la filosofía, más sujetas están a la influencia de los intereses de clase.

Las cosas son más complicadas y difíciles al acercarnos a las ciencias sociales y a las llamadas “humanidades”. También en esta esfera, por supuesto, lo fundamental es conseguir el conocimiento de lo existente. Gracias a este hecho tenemos la brillante escuela de los economistas burgueses clásicos. Pero los intereses de clase, que actúan mucho más directamente y con mayor vigor en el campo de las ciencias sociales que en el de las ciencias naturales, pronto frenaron el desarrollo del pensamiento económico de la sociedad burguesa. Sin embargó, en este campo los comunistas estamos mejor equipados que en ningún otro. Los teóricos socialistas, despertados por la lucha obrera, han partido de la ciencia burguesa para después criticarla, y han creado a través de los trabajos de Marx y Engels el potente método del materialismo histórico y la espléndida aplicación de este método en El Capital. Esto no significa, desde luego, que estemos vacunados contra la influencia de las ideas burguesas en el campo de la economía y la sociología. En absoluto; a cada paso, las más vulgares tendencias del socialismo profesional y de la pequeña burguesía Narodniki, han puesto en circulación entre nosotros los viejos “tesoros” del conocimiento, aprovechando para colar su mercancía las deformadas y contradictorias relaciones de la época de transición. A pesar de todo, en esta esfera contamos con los criterios indispensables del marxismo verificadas y enriquecidas por las obras de Lenin. Y rebatiremos con más vigor a los economistas y a los sociólogos vulgares si no cerrarnos los ojos a la experiencia cotidiana y si consideramos el desarrollo mundial como una totalidad, sabiendo distinguir sus rasgos fundamentales bajo los que no son más que simples cambios coyunturales.

En general, en el campo del derecho, la moral o la ideología, la situación de la ciencia burguesa es todavía más lamentable que en el de la economía. Para encontrar una perla de conocimiento auténtico en estas esferas es necesario rebuscar en decenas de estercolemos profesionales.

La dialéctica y el materialismo son los elementos básicos del conocimiento marxista del mundo. Pero esto no significa que puedan ser aplicados a cualquier campo del conocimiento como si se tratara de una llave maestra. La dialéctica no puede ser impuesta a los hechos, sino que tiene que ser reducida de ellos, de su naturaleza y desarrollo. Solamente una concienzuda labor sobre una enorme masa de materiales posibilitó a Marx aplicar el sistema dialéctico a la economía, y extraer la concepción del valor como trabajo social. Marx construyó de la misma forma sus obras históricas, e incluso sus artículos periodísticos. El materialismo dialéctico únicamente puede ser aplicado a nuevas esferas del conocimiento si nos situamos dentro de ellas. Para superar la ciencia burguesa es preciso conocerla a fondo; y no llegaréis a ninguna parte con críticas superficiales mediante órdenes vacías. El aprender y el aplicar van codo a codo con el análisis crítico. Tenemos el método, pero el trabajo a realizar es suficiente para varias generaciones.

La crítica marxista en la ciencia debe ser vigilante y prudente, de otra forma podría degenerar en nueva charlatanería, en famusovismo. Tomad la psicología; incluso la reflexología de Pavlov está completamente dentro de los cauces del materialismo dialéctico; rompe definitivamente la barrera existente entre la fisiología y la psicología. El reflejo más simple es fisiológico, pero un sistema de reflejos es el que no da la “consciencia”. La acumulación de la cantidad fisiológica da una nueva cantidad “psicológica”. El método de la escuela de Pavlov es experimental y concienzudo. Poco a poco se va avanzando en las generalizaciones: desde la saliva de los perros a la poesía -a los mecanismos mentales de la poesía, no a su contenido social-, aun cuando los caminos que nos conducen a la poesía aún no hayan sido desvelados.

La escuela del psicoanalista vienés Freud procede de una manera distinta. Da por sentado que la fuerza impulsara de los procesos psíquicos más complejos y delicados es una necesidad fisiológica. En este sentido general es materialista, incluso la cuestión de si no da demasiada importancia a la problemática sexual en detrimento de otras, es ya una disputa dentro de las fronteras del materialismo. Pero el psicoanalista no se aproxima al problema de la conciencia de forma experimental, es decir, yendo del fenómeno más inferior al más elevado, desde el reflejo más sencillo al más complejo, sino que trata de superar todas estas fases intermedias de un salto, de arriba hacia abajo, del mito religioso al poema lírico o el sueño a los fundamentos psicológicos de la psique.

Los idealistas nos dicen que la psique es una entidad independiente, que el “alma” es un pozo sin fondo. Tanto Pavlov como Freud piensan que el fondo pertenecen a la fisiología. Pero Pavlov desciende al fondo del pozo, como un buzo, e investiga laboriosamente subiendo poco a poco a la superficie, mientras que Freud permanece junto al pozo y trata de captar, con mirada penetrante, la forma de los objetos que están en el fondo. El método de Pavlov es experimental; el de Freud está basado en conjeturas, a veces en conjeturas, a veces en conjeturas fantásticas. El intento de declarar al psicoanálisis “incompatible” con el marxismo y volver la espalda a Freud es demasiado simple, o más exactamente demasiado simplista. No se trata de que estemos obligados a adoptar su método, pero hay que reconocer que es una hipótesis de trabajo que puede producir y produce sin duda reducciones y conjeturas que se mantienen dentro de las líneas de la psicología materialista. Dentro de su propio método, el procedimiento experimental facilitaría las pruebas para estas conjeturas. Pero no tenemos ni motivo ni derecho para prohibir el otro método, ya que, aun considerándole menos digno de confianza, trata de anticipar la conclusión a la que el experimental se acerca muy lentamente [1].

Por medio de estos ejemplos quería mostrar, aunque sólo fuera parcialmente, tanto la complejidad de nuestra herencia científica como la complejidad de los caminos por los que el proletariado ha de avanzar para apropiarse de ella. Si no podemos resolver por decreto los problemas de la construcción económica y tenemos que “aprender a negociar”, así tampoco puede resolver nada en el campo científico la publicación de breves órdenes; con ellas sólo conseguiríamos daño y mantener la ignorancia. Lo que necesitamos en este campo es “aprender a aprender”.

El arte es una de las formas mediante las que el hombre se sitúa en el mundo; en este sentido el legado artístico no se distingue del científico o del técnico, y no es menos contradictorio que ellos. Sin embargo, el arte, a diferencia de la ciencia, es una forma de conocimiento del mundo, no un sistema de leyes, sino un conjunto de imágenes y, a la vez, una manera de crear ciertos sentimientos o actividades. El arte de los siglos pasados ha hecho al hombre más complejo y flexible, ha elevado su mentalidad a un grado superior y le ha enriquecido en todos los órdenes. Este enriquecimiento constituye una preciosa conquista cultural. El conocimiento del arte del pasado es, por tanto, una condición necesaria tanto para la creación de nuevas obras artísticas como para la construcción de una nueva sociedad, ya que lo que necesita el comunismo son personas de mente muy desarrollada. ¿Pero puede el arte del pasado enriquecernos con un conocimiento artístico del mundo? Puede precisamente porque es capaz de nutrir nuestros sentimientos y educarlos. Si repudiáramos el arte del pasado de modo infundado, nos empobreceremos espiritualmente.

Hoy en día se advierte una tendencia a defender la idea de que el único propósito del arte es la inspiración de ciertos estados de ánimo y de ninguna manera el conocimiento de la realidad. La conclusión que se extrae de ella es: ¿con qué clase de sentimientos no nos infectará el arte de la nobleza o de la burguesía? Esta concepción es radicalmente falsa. El significado del arte como medio de conocimiento -también para la masa popular, e incluso especialmente para ella- es muy superior a su significado “sentimental”. La vieja épica, la fábula, la canción, los relatos o la música popular proporcionan un tipo de conocimiento gráfico, iluminan el pasado, dan un valor general a la experiencia y sólo en conexión con ellos y gracias a esta conexión nos podemos “sintonizar”. Esto también se aplica a toda la literatura en general, no sólo a la poesía épica, sino también a la lírica. Se aplica a la pintura y a la escultura. La única excepción, a cierto nivel, es la música, ya que su efecto, aunque poderoso, resulta parcial. También la música, por supuesto, proporciona un determinado conocimiento de la naturaleza, de sus sonidos y ritmos; pero aquí el conocimiento yace tan soterrado, los resultados de la inspiración de la naturaleza son a tal grado refractados a través de los nervios de la persona, que la música aparece como una “revelación” autosuficiente. A menudo se han hecho intentos de aproximar al resto de las formas artísticas a la música, considerando a ésta como el arte más “infeccioso”, pero esto siempre ha significado una depreciación del papel de la inteligencia en el arte, a favor de una sentimentalidad informe, y en este arte estos intentos han sido y son reaccionarios... Desde luego, lo peor de todo son aquellas obras de “arte” que ni ofrecen conocimientos gráficos ni “infección” artística, sino pretensiones desorbitadas. En nuestro país se imprimen no pocas obras de arte de este tipo, y desafortunadamente no en los libros de texto de arte, sino en miles de copias...

La cultura es un fenómeno social. Precisamente por ello el lenguaje, como órgano de intercomunicación entre los hombres, es un instrumento más importante. La cultura del propio lenguaje es la condición más importante para el desarrollo de todas las ramas de la cultura, especialmente la ciencia y el arte. De la misma forma que la técnica no está satisfecha de los viejos aparatos de medición y crea otros nuevos, micrómetros, voltámetros..., tratando de obtener y obteniendo mayor precisión, así en material de lenguaje de capacidad para escoger las palabras adecuadas y combinarlas de la forma adecuada, se requiere un trabajo sistemático y tenaz para conseguir el mayor grado de precisión, claridad e intensidad. La base de este trabajo debe ser la lucha contra el analfabetismo, semianalfabetismo y el alfabetismo rudimentario. El próximo paso será la asimilación de la literatura clásica rusa.

Sí, la cultura fue el principal instrumento de la opresión de clase; pero también es, y sólo ella puede serlo, el instrumento de la emancipación socialista.

Nota:

miércoles, 26 de febrero de 2014

Tareas de las Juventudes Comunistas


V. I. Lenin

Discurso en la I Sesión del III Congreso de Juventudes Comunistas de Rusia

Moscú, 2 de octubre de 1920


(Lenin es recibido por una calurosa ovación del congreso.)

Camaradas: quisiera hablarles hoy de las tareas fundamentales de la Unión de Juventudes Comunistas y, con este motivo, de lo que deben ser las organizaciones de la juventud en una república socialista en general.

Este problema merece tanto más nuestra atención cuanto que, en cierto sentido, puede decirse que es precisamente a la juventud a quien incumbe la verdadera tarea de crear la sociedad comunista. Pues es evidente que la generación de militantes educada bajo el régimen capitalista puede, en el mejor de los casos, resolver la tarea de destruir los cimientos del viejo modo de vida del capitalismo, basado en la explotación. Lo más que podrá hacer será llevar a cabo las tareas de organizar un régimen social que ayude al proletariado y a las clases trabajadoras a conservar el Poder en sus manos y a crear una sólida base, sobre la que podrá edificar únicamente la generación que empieza a trabajar ya en condiciones nuevas, en una situación en la que no existen relaciones de explotación entre los hombres.

Pues bien, al abordar desde este punto de vista el problema de las tareas de la juventud, debo decir que las tareas de la juventud en general y de las Uniones de Juventudes Comunistas y otras organizaciones semejantes en particular, podrían definírse en una sola palabra: aprender.

Pero claro está que esto no es más que "una palabra", que no responde a los interrogantes principales, a los más importantes: ¿qué y cómo aprender? Y en este problema lo esencial es que, con la trasformación de la vieja sociedad capitalista, la enseñanza, la educación y la instrucción de las nuevas generaciones, destinadas a crear la sociedad comunista, no pueden seguir siendo lo que eran. Ahora bien, la enseñanza, la educación y la instrucción de la juventud deben partir de los materiales que nos ha legado la antigua sociedad. No podemos edificar el comunismo si no es a partir de la suma de conocimientos, organizaciones e instituciones, con el acervo de medios y fuerzas humanas que hemos heredado de la vieja sociedad. Sólo trasformando radicalmente la enseñanza, la organización y la educación de la juventud, conseguiremos que el resultado de los esfuerzos de la joven generación sea la creación de una sociedad que no se parezca a la antigua, es decir, de la sociedad comunista. Por ello debemos examinar en detalle qué debemos enseñar a la juventud y cómo debe aprender ésta si quiere merecer realmente el nombre de juventud comunista, cómo hay que prepararla para que sepa terminar y coronar la obra que nosotros hemos comenzado.

Debo decir que la primera respuesta y la más natural parece ser que la Unión de Juventudes, y en general toda la juventud que quiera el advenimiento del comunismo, tiene que aprender el comunismo.

Pero esta respuesta, "'aprender el comunismo", es demasiado general. ¿Qué hay que hacer para aprender el comunismo? De entre la suma de conocimientos generales, ¿qué es lo que hay que escoger para adquirir la ciencia del comunismo? Aquí nos amenazan una serie de peligros, que surgen por doquier en cuanto se plantea mal la tarea de aprender el comunismo o cuando se entiende de una manera demasiado unilateral.

A primera vista, naturalmente, parece que aprender el comunismo es asimilar el conjunto de los conocimientos expuestos en los manuales, folletos y trabajos comunistas. Pero esta definición sería demasiado burda e insuficiente. Si el estudio del comunismo consistiera únicamente en saber lo que dicen los trabajos, libros y folletos comunistas, esto nos daría fácilmente exégetas o fanfarrones comunistas, lo que muchas veces nos causaría daño y perjuicio, porque estos hombres, después de haber leído mucho y aprendido lo que se expone en los libros y folletos comunistas, serían incapaces de coordinar todos estos conocimientos y de obrar como realmente exige el comunismo.

Uno de los mayores males y calamidades que nos ha dejado en herencia la antigua sociedad capitalista, es un completo divorcio entre el libro y la vida práctica, pues teníamos libros en los que todo estaba expuesto en forma perfecta, pero en la mayoría de los casos no eran sino una repugnante e hipócrita mentira, que nos pintaba un cuadro falso de la sociedad capitalista.

Por eso, sería una gran equivocación limitarse a aprender el comunismo simplemente de lo que dicen los libros. Nuestros discursos y artículos de ahora no son simple repetición de lo que antes se ha dicho sobre el comunismo, porque están ligados a nuestro trabajo cotidiano en todos los terrenos. Sin trabajo, sin lucha, el conocimiento libresco del comunismo, adquirido en folletos y obras comunistas, no tiene absolutamente ningún valor, porque no haría más que continuar el antiguo divorcio entre la teoría y la práctica, que era el más nocivo rasgo de la vieja sociedad burguesa.

El peligro sería mucho mayor todavía, si quisiéramos aprender solamente las consignas comunistas. Si no comprendiéramos a tiempo la importancia de este peligro, si no hiciéramos toda clase de esfuerzos por evitarlo, la existencia de medio millón o de un millón de jóvenes de ambos sexos, que después de semejante estudio del comunismo se llamasen comunistas, causaría un gran perjuicio a la causa del comunismo.

Se nos plantea, pues, la cuestión de cómo debemos coordinar todo esto para aprender el comunismo. ¿Qué debemos tomar de la vieja escuela, de la vieja ciencia? La vieja escuela declaraba que quería crear hombres instruidos en todos los dominios y que enseñaba las ciencias en general. Ya sabemos que esto era pura mentira, puesto que toda la sociedad se basaba y cimentaba en la división de los hombres en clases, en explotadores y explotados. Como es natural, toda la vieja escuela, saturada de espíritu de dase, no daba conocimientos más que a los hijos de la burguesía. Cada una de sus palabras estaba adaptada a los intereses de la burguesia. En estas escuelas, más que educar a los jóvenes obreros y campesinos, los preparaban para mayor provecho de esa misma burguesía. Se los educaba con el fin de formar servidores útiles, capaces de aumentar los beneficios de la burguesía, sin turbar su ociosidad y sosiego. Por eso, al condenar la antigua escuela, nos hemos propuesto tomar de ella únicamente lo que nos es necesario para lograr una verdadera educación comunista.

Y ahora voy a tratar de las censuras, de los reproches que se dirigen por lo común a la escuela antigua y que conducen muchas veces a interpretaciones enteramente falsas. Se dice que la vieja escuela era una escuela libresca, una escuela de adiestramiento autoritario, una escuela de enseñanza memorista. Esto es cierto, pero hay que saber distinguir en la vieja escuela, lo malo de lo útil para nosotros, hay que saber escoger lo necesario para el comuismo.

La vieja escuela era libresca, obligaba a almacenar una masa de conocimientos inútiles, superfluos, muertos, que atiborraban la cabeza y trasformaban a la generación joven en un ejército de funcionarios cortados todos por el mismo patrón. Pero concluir de ello que se puede ser comunista sin haber asimilado los conocimientos acumulados por la humanidad, sería cometer un enorme error. Nos equivocaríamos si pensáramos que basta con saber las consignas comunistas, las conclusiones de la ciencia comunista, sin haber asimilado la suma de conocimientos de los que es consecuencia el comunismo. El marxismo es un ejemplo de cómo el comunismo ha resultado de la suma de conocimientos adquiridos por la humanidad.

Ya habrán ustedes leído y oído que la teoría comunista, la ciencia comunista, creada principalmente por Marx, que esta doctrina del marxismo ha dejado de ser obra de un solo socialista, genial del siglo XIX, para trasformarse en la doctrina de millones y decenas de millones de proletarios del mundo entero, que se inspiran en ella en su lucha contra el capitalismo. Y si preguntan ustedes por qué ha podido esta iloetrina de Marx conquistar millones y decenas de millones oc corazones en la clase más revolucionaria, se les dará una sola respuesta: porque Marx se apoyaba en la sólida base de los conocimientos humanos adquiridos bajo el capitalismo. Al estudiar las leyes del desarrollo de la sociedad humana, Marx comprendió el carácter inevitable del desarrollo del capitalismo, que conduce al comunismo, y - esto es lo esencial - lo demostró basándose exclusivamente en el estudio más exacto, detallado y profundo de dicha sociedad capitalista, asimilando plenamente todo lo que la ciencia había dado hasta entonces. Todo lo que había creado la sociedad humana, lo analizó Marx en un espíritu crítico, sin desdeñar un solo punto. Todo~ lo que había creado el pensamiento humano, lo analizó, lo sometió a la crítica, lo comprobó en el movimiento obrero; formuló luego las conclusiones que los hombres, encerrados en los límites estrechos del marco burgués o encadenados por los prejuicios burgueses, no podían extraer.

Esto hay que tenerlo en cuenta cuando hablamos, por ejemplo, de la cultura proletaria. Si no nos damos perfecta cuenta de que sólo se puede crear esta cultura proletaria conociendo exactamente la cultura que ha creado la humanidad en todo su desarrollo y trasformándola, si no nos damos cuenta de esto, jamás podremos resolver este problema. La cultura proletaria no surge de fuente desconocida, no brota del cerebro de los que se llaman especialistas en la materia. Sería absurdo creerlo así. La cultura proletaria tiene que ser desarrollo lógico del acervo de conocimientos conquistados por la humanidad bajo el yugo de la sociedad capitalista, de la sociedad de los terratenientes y los burócratas. Estos son los caminos y los senderos que han conducido y continúan conduciendo hacia la cultura proletaria, del mismo modo que la economía política, trasformada por Marx, nos ha mostrado adónde tiene que llegar la sociedad humana, nos ha indicado el paso a la lucha de clases, al comienzo de la revolución proletaria.

Cuando con frecuencia oímos, tanto a algunos jóvenes como a ciertos defensores de los nuevos métodos de enseñanza, atacar la vieja escuela diciendo que sólo hacía aprender de memoria los textos, les respondemos que, sin embargo, es preciso tomar de esta vieja escuela todo lo que tenía de bueno. No hay que imitarla sobrecargando la memoria de los jóvenes con un peso desmesurado de conocimientos, inútiles en sus nueve décimas partes y desvirtuados el resto; pero de aquí no se sigue en modo alguno que podamos contentarnos con conclusiones comunistas y limitarnos a aprender de memoria consignas comunistas. De este modo no llegaríamos jamás al comunismo. Para llegar a ser comunistas, hay que enriquecer indefectiblemente la memoria con los conocimientos de todas las riquezas creadas por la humanidad.

No queremos una enseñanza mecánica, pero necesitamos desarrollar y perfeccionar la memoria de cada estudiante dándole hechos esenciales, porque el comunismo sería una vaciedad, quedaría reducido a una fachada vacía, el comunista no sería más que un fanfarrón, si no comprendiese y asimilase todos los conocimientos adquiridos. No sólo deben ustedes asimilarlos, sino asimilarlos en forma crítica, con el fin de no amontonar en el cerebro un fárrago inútil, sino de enriquecerlo con el conocimiento de todos los hechos, sin los cuales no es posible ser hombre culto en la época en que vivimos. El comunista que se vanagloriase de serlo, simplemente por haber recibido conclusiones ya establecidas, sin haber realizado un trabajo muy serio, difícil y grande, sin analizar los hechos frente a los que está obligado a adoptar tina actitud crítica, sería un comunista lamentable. Nada podría ser tan funesto como una actitud tan superficial. Si sé que sé poco, me esforzaré por saber más, pero si un hombre dice que es comunista y que no tiene necesidad de conocimientos sólidos, jamás saldrá de él nada que se parezca a un comunista.

La vieja escuela forjaba los servidores necesarios para los capitalistas; de los hombres de ciencia hacía personas obligadas a escribir y hablar al gusto de los capitalistas. Eso quiere decir que debemos suprimirla. Pero si debemos suprimirla, destruirla, ¿quiere esto decir que no debemos tomar de ella todas las cosas necesarias que ha acumulado la humanidad? ¿Quiere decir que no debemos saber distinguir entre lo que necesitaba el capitalismo y lo que necesita el comunismo?

En lugar del adiestramiento impuesto por la sociedad burguesa contra la voluntad de la mayoría, nosotros colocamos la disciplina conciente de los obreros y campesinos, que, a su odio contra la vieja sociedad, unen la decisión, la capacidad y el deseo de unificar y organizar sus fuerzas para esta lucha, con el fin de crear, con millones y decenas de millones de voluntades aisladas, divididas, dispersas en la inmensa extensión de nuestro país, una voluntad única, porque sin ella seremos inevitablemente vencidos. Sin esta cohesión, sin esta disciplina conciente de los obreros y de los campesinos, nuestra causa es una causa perdida. Sin ellas seremos incapaces de derrotar a los capitalistas y terratenientes del mundo entero. No, sólo no llegaríamos a construir la nueva sociedad comunista, sino ni siquiera a asentar sólidamente sus cimientos. Así, a pesar de condenar la vieja escuela, a pesar de alimentar contra ella un odio absolutamente legítimo y necesario, a pesar de apreciar el deseo de destruirla, debemos comprender que hay que sustituir la antigua escuela libresca, la enseñanza memorista y el anterior adiestramiento autoritario, por el arte de asimilar toda la suma de los conocimientos humanos, y de asimilarlos de modo que el comunismo sea para ustedes, no algo aprendido de memoria, sino algo pensado por ustedes mismos, y cuyas conclusiones se impongan desde el punto de vista de la educación moderna.

Así es como hay que plantear las tareas fundamentales, cuando se habla de aprender el comunismo.

Para explicarles esto y a la vez aprender los problemas del método, tomaré un ejemplo práctico. Todos saben que ahora, inmediatamente después de los problemas militares, después de las tareas de la defensa de la República, surge ante nosotros el problema económico. Sabemos que es imposible edificar la sociedad comunista sin restaurar la industria y la agricultura, pero que no se trata de restablecerlas en su forma antigua. Hay que restaurarías conforme con la última palabra de la ciencia, sobre una base moderna. Ustedes saben que esta base es la electricidad; que sólo el día en que todo el país, todas las ramas de la industria y de la agricultura estén electrificadas, el día en que realicen esta tarea, sólo entonces, podrán edificar, para ustedes, la sociedad comunista que no podrá edificar la generación anterior. La tarea que les corresponde es restablecer la economía de todo el país, reorganizar y restaurar la agricultura y la industria sobre una base técnica moderna, fundada en la moderna ciencia y técnica, en la electricidad. Ya comprenderán que la electrificación no puede ser obra de ignorantes, y que en esto harán falta algo más que nociones rudimentarias. No basta con comprender lo que es la electricidad; hay que saber cómo aplicarla técnicamente a la industria y a la agricultura y a cada una de sus ramas. Todo esto tenemos que aprenderlo nosotros mismos, y hay que enseñárselo a toda la nueva generación trabajadora. Esto es lo que debe hacer todo comunista conciente, todo joven que se estime comunista y se dé clara cuenta de que, por el hecho de ingresar en la Unión de Juventudes Comunistas, se ha comprometido a ayudar a nuestro partido a construir el comunismo y a ayudar a toda la joven generación a crear la sociedad comunista. Debe comprender que esto sólo será posible sobre la base de la instrucción moderna, y que si no posee esta instrucción, el comunismo será un simple anhelo.

El papel de la generación precedente consistía tan sólo en derribar a la burguesía. Criticar a la burguesía, desarrollar en las masas el sentimiento de odio contra ella, desarrollar la conciencia de clase, saber agrupar sus fuerzas, eran entonces las tareas esenciales. La nueva generación tiene ante sí una tarea más compleja. El deber de ustedes no es sólo el de reunir sus fuerzas para apoyar el poder de los obreros y campesinos contra la invasión de los capitalistas. Esto lo tienen que hacer. Lo han comprendido admirablemente, lo ve con claridad todo comunista. Pero no hasta con esto. Ustedes tienen que edificar la sociedad comunista. La primera parte del trabajo ha sido ya realizada en muchos terrenos. El antiguo régimen fue destruido como era preciso hacerlo; ya no es más que un montón de ruinas, que es a lo que debía quedar reducido. El terreno se encuentra ya desbrozado y, sobre este terreno, la nueva generación comunista debe ahora edificar la sociedad comunista. La tarea de ustedes es la edificación, y sólo podrán resolverla cuando hayan dominado toda la ciencia moderna, cuando sepan transformar el comunismo, de fórmulas hechas y aprendidas de memoria, consejos, recetas, directivas y programas, en esa realidad viva que otorga toda su unidad al trabajo inmediato; cuando sepan hacer del comunismo la guía de todo el trabajo práctico.

Esta es la tarea que no deben perder de vista cuando quieran instruir, educar y arrastrar a toda la joven generacion. Tienen que ser los primeros constructores de la sociedad comunista, entre los millones de constructores que deben ser los jóvenes de ambos sexos. Si no incorporan a esta edificación del comunismo a toda la masa de la juventud obrera y campesina, no construirán la sociedad comunista.

Y llego ahora, naturalmente, a la cuestión de cómo debemos enseñar el comunismo y cuál debe ser el carácter peculiar de nuestros métodos.

Me detendré ante todo en el problema de la moral comunista.

Tienen ustedes que educarse como comunistas. La tarea de la Unión de Juventudes consiste en organizar su actividad práctica de modo que al estudiar, organizarse, unirse y luchar, dicha juventud haga su educación de comunistas y la de todos los que la reconocen como su guía. Toda la educación, toda la enseñanza y toda la formación de la juventud contemporánea deben darle el espíritu de la moral comunista.

¿Pero existe una moral comunista? ¿Existe una ática comunista? Es evidente que sí. Se pretende muchas veces que nosotros no tenemos nuestra moral propia, y la burguesía nos acusa con frecuencia, a nosotros, comunistas, diciendo que negamos toda moral. Es una forma como cualquier otra de embrollar las ideas y de arrojar tierra a los ojos de los obreros y de los campesinos.

¿En qué sentido negamos la moral y la ética?

La negamos en el sentido en que la ha predicado la burguesía, deduciéndola de los mandamientos de Dios. Claro está que nosotros decimos que no creemos en Dios, y sabemos muy bien que el clero, los terratenientes y la burguesía hablaban en nombre de Dios para defender sus intereses de explotadores. O bien, en lugar de tomar como punto de partida de la moral los dictados de la ática, los mandamientos de Dios, partían de frases idealistas o semidealistas que, en definitiva, se parecían extraordinariamente a los mandamientos de Dios.

Nosotros negamos toda esta moralidad tomada de concepciones al margen de la naturaleza humana, al margen de las clases. Decimos que eso es engañar, embaucar a los obreros y campesinos y nublar sus cerebros, en provecho de los terratenientes y capitalistas.

Decimos que nuestra moral está enteramente subordinada a los intereses de la lucha de clases del proletariado. Nuestra ática tiene por punto de partida tos intereses de la lucha de clases del proletariado.
La antigua sociedad estaba fundada en la opresión de todos los obreros y de todos los campesinos por los terratenientes y capitalistas. Necesitábamos destruirla, necesitábamos derribar a estos opresores, pero para ello debíamos crear la unidad. No era Dios quien podía crearla.

Esta unión no podía venir más que de las fábricas, de un proletariado disciplinado, arrancado de su viejo letargo. Solamente cuando se constituyó esta clase, comenzó el movimiento de las masas que condujo a lo que vemos hoy: al triunfo de la revolución proletaria en uno de los países más débiles, que se está defendiendo desde hace tres años contra el embate de la burguesía de todo el mundo. Vemos crecer en todo el muddo la revolución proletaria. Ahora decimos, fundándonos en la experiencia, que únicamente el proletariado ha podido crear una fuerza tan coherent; a la que sigue la clase campesina dispersa y fragmentada y que ha sido capaz de resistir todas las acometidas de los explotadores. Sólo esta clase puede ayudar a las masas trabajadoras a unirse, a agruparse, a hacer triunfar y consolidar definitivamente, a coronar, en definitiva, la construcción de la sociedad comunista.

Por eso, decimos que, para nosotros, la moral considerada fuera de la sociedad humana no existe; es un engaño. Para nosotros, la moral está subordinada a los intereses de la lucha de clases del proletariado.

Ahora bien, ¿en qué consiste esta lucha de clases? En derribar al zar, en derribar a los capitalistas, en aniquilar a la clase capitalista.

¿Qué son las clases en general? Es lo que permite a una parte de la sociedad apropiarse del trabajo de otra. Si una parte de la sociedad se apropia de todo el suelo, tenemos la clase de los terratenientes y la de los campesinos. Si una parte de la sociedad posee las fábricas, las acciones y los capitales, mientras que la otra trabaja en esas fábricas, tenemos la clase de los capitalistas y la de los proletarios.

No fue difícil desembarazarse del zar: bastaron algunos días. No fue muy difícil echar a los terratenientes: pudimos hacerlo en algunos meses. Tampoco fue muy difícil echar a los capitalistas. Pero suprimir las clases es infinitamente más difícfl; subsiste aún la división en obreros y campesinos. En cuanto un campesino instalado en una parcela de tierra se apropia el trigo sobrante, es decir, trigo que no es indispensable para él ni para su ganado, mientras los demás carecen de pan, se convierte ya en un explotador. Cuanto más trigo retiene, más gana, y nada le importa que 105 demás tengan hambre: "Cuanto más hambre tengan, más caro venderá el trigo". Es preciso que todos trabajen con un plan común, en un suelo común, en fábricas comunes y conforme con normas comunes. ¿Es esto fácil de realizar? Ya ven ustedes mismos que es más difícil solucionar esto que echar al zar, a los terratenientes y a los capitalistas. Para eso es preciso que el proletariado trasforme, reeduque a una parte de los campesinos, y atraiga a su lado a los campesinos trabajadores, con el fin de quebrar la resistencia de los campesinos ricos, que lucran con la miseria de los demás. Resulta, pues, que la lucha del proletariado está lejos de haber terminado después de haber derribado al zar y expulsado a los terratenientes y a los capitalistas; justamente el llevarla a término es el objetivo del régimen al que llamamos dictadura del proletariado.

La lucha de clases continúa, sólo ha cambiado de forma. Es la lucha de clases del proletariado que tiene por objeto impedir el regreso de los antiguos explotadores y unir en un todo a la dispersa e ignorante masa campesina. La lucha de clases continúa y es nuestro deber subordinarle todos los intereses. Por eso le subordinamos nuestra moral comunista. Decimos: es moral lo que sirve para destruir la antigua sociedad explotadora y para agrupar a todos los trabajadores alrededor del proletariado, creador de la nueva sociedad comunista.

La moral comunista es la que sirve para esta lucha, la que une a los trabajadores contra toda explotación y contra toda pequeña propiedad, porque la pequeña propiedad entrega a un individuo lo que ha sido creado por el trabajo de toda la sociedad. La tierra es consideerada entre nosotros como propiedad común.

¿Qué ocurre si de esta propiedad común tomo una parte, si cultivo en ella dos veces más trigo del que necesito, si especulo con el sobrante de la cosecha, si calculo que cuanto más hambre padezcan otros, más caro me pagarán? ¿Obro cntonces como un comunista? No, obro como explotador, como propietario. Contra esto necesitamos luchar. Si las cosas continuasen así, volveríamos al pasado, a caer bajo el poder de los capitalistas y de la burguesía, como ha ocurridó más de una vez en las revoluciones anteriores. Para evitar que se restaure el poder de los capitalistas y de la burguesía, debemos prohibir cl mercantilismo, debemos impedir que unos individuos se enriquezcan a costa de los demás. Para esto es necesario que todos los trabajadores se sumen al proletariado e instauren la sociedad comunista. En esto consiste precisamente la característica esencial de la tarea más importante de la Unión de las Juventudes Comunistas y de las organizaciones de las juventudes comunistas. La antigua sociedad se basaba en el siguiente principio: saqueas a tu prójimo o te saquea él; trabajas para otro, u otro trabaja para ti; eres esclavista o esclavo. Es natural que los hombres educados en semejante sociedad asimilen, por así decirlo, con la leche materna, la psicología, la costumbre, la idea de que no hay más que amo o esclavo, o pequeño propietario, pequeño empleado, pequeño funcionario, intelectual, en una palabra, hombres que se ocupan exclusivamente de lo suyo sin pensar en los demás.

Si yo exploto mi parcela de tierra, poco me importan los demás; si alguien tiene hambre, tanto mejor: venderá más caro mi trigo. Si tengo mi puestecito de médico, de ingeniero, de maestro o de empleado, ¿qué me importan los demás? Si me arrastro ante los poderosos, es posible que conserve mi puesto y a lo mejor pueda hacer carrera y llegar a ser burgués. Esta psicología, esta mentalidad no pueden existir en un comunista. Cuando los obreros y campesinos demostraron que somos capaces con nuestras propias fuerzas de defendernos y de crear una nueva sociedad, en ese mismo momento nació la nueva educación comunista, educación creada en la lucha contra los explotadores y en alianza con el proletariado, contra los egoístas y los pequeños propietarios, contra ese estado de espíritu y esas costumbres que dicen: "Yo busco mi propio beneficio y lo demás no me interesa".

He aquí la respuesta a la pregunta de cómo se debe enseñar el comunismo a la joven generación.

Sólo ligando cada paso de su instrucción, de su educación y de su formación a la lucha incesante de los proletarios y de los trabajadores contra la antigua sociedad de los explotadores, puede esta generación aprender el comunismo. Cuando se nos habla de moral, decimos: para un comunista, toda la moral reside en esta disciplina solidaria y unida y en esta lucha conclente de las masas contra los explotadores. No creemos en la moral eterna, denunciamos la mentira de todas las leyendas forjadas en torno de la moral. La moral sirve para que la sociedad humana se eleve a mayor altura, para que se desembarace de la explotación del trabajo.

Para alcanzar este fin necesitamos de la joven generación que comenzó a convertirse en hombres concientes en las condiciones de lucha disciplinada y encarnizada contra la burguesía. En esta lucha, la juventud formará verdaderos comunistas; a esta lucha debe ligar y subordinar, en todo momento, su instrucción, educación y formación. La educación de la juventud com~unista no debe consistir en ofrecerle discursos dulzones de toda clase y reglas de moralidad. No, no es ésta la educación. Cuando un hombre ha visto a sus padres vivir bajo el yugo de los terratenientes y de los capitalistas, cuando ha participado él mismo en los sufrimientos de los que iniciaron la lucha contra los explotadores, cuando ha visto los sacrificios que cuesta la continuación de esta lucha y la defensa de lo conquistado y cuán furiosos enemigos son los terratenientes y los capitalistas, ese hombre, en ese ambiente, se educa como comunista. La base de la moral comunista está en la lucha por consolidar y llevar a su término el comunismo. Igual base tienen la educación, formación y enseñanza comunistas. Esta es la respuesta a la pregunta de cómo hay que aprender el comunismo.

No creeríamos en la enseñanza, en la educación ni en la formación, si éstas fuesen relegadas al fondo de las escuelas y separadas de las tormentas de la vida. Mientras los obreros y los campesinos están oprimidos por terratenientes y capitalistas, mientras las escuelas sigan en manos de los terratenientes y de los capitalistas, la joven generación seguirá ciega e ignorante. Nuestras escuelas deben dar a los jóvenes los fundamentos de la ciencia, deben ponerlos en condiciones de forjarse ellos mismos una mentalidad comunista, deben hacer de ellos hombres cultos. En el tiempo que pasan en la escuela, ésta tiene que hacer de ellos participantes en la lucha por la liberación del yugo de los explotadores. La Unión de Juventudes Comunistas tan sólo será digna de su título de unión de la joven generación comunista, cuando relacione toda su instrucción, su educación y formación con la parte que debe tomar en la lucha común de todos los trabajadores contra los explotadores. Porque saben ustedes perfectamente que mientras Rusia sea la única república obrera, y en tanto que en el resto del mundo subsista el antiguo régimen burgués, somos más débiles que ellos; que constantemente nos amenazan nuevos ataques, y que sólo aprendiendo a mantener entre nosotros la cohesión y la unidad, triunfaremos en las luchas futuras y, después de habernos fortalecido, nos haremos verdaderamente invencibles. Por lo tanto, ser comunista signifIca organizar y unir a to'ó!a la joven generación, dar ejemplo de educación y de disciplina en esta lucha. Lutonces podrán ustedes emprender y llevar a cabo la edificación de la sociedad comunista.

He aquí un ejemplo que les hará entender mejor la cosa. Nosotros nos llamamos comunistas. ¿Qué significa la palabra comunista? "Comunista" viene de la palabra latina communis, que significa común. La sociedad comunista es la comunidad de todo: del suelo, de las fábricas, del trabajo. Esto es el comunismo.

¿Puede haber trabajo común silos hombres explotan cada uno su propia parcela? La comunidad del trabajo no se crea de repente. Es imposible. No cae del cielo. Hay que lograrla tras largos esfuerzos, tras largos sufrimientos, hay que crearla, y esto se crea en el curso de la lucha. No se trata aquí de un libro viejo, nadie hubiera creído en un libro. Se trata de la experiencia personal vivida. Cuando Kolchak y Denikin avanzaban contra nosotros, procedentes de Siberia y del sur, los campesinos estaban a su favor. El bolchevismo no les gustaba, porque los bolcheviques tomaban el trigo a los precios establecidos. Pero después de haber sufrido en Siberia y en Ucrania el poder de Kolchak y de Denikin, los campesinos reconocieron que no podían elegir más que entre dos caminos: o volver al capitalismo, que los convertiría de nuevo en esclavos de los terratenientes, o seguir a los obreros, que, por cierto, no prometen el oro y el moro y que exigen una disciplina de hierro y una firmeza indomable en la dura lucha, pero que los liberan de la esclavitud de los capitalistas y de los terratenientes. Cuando incluso los campesinos sumidos en la ignorancia lo comprendieron y sintieron por su propia experiencia, después de esta dura lección, se hicieron partidarios concientes del comunismo. Esta misma experiencia es la que la Unión de Juventudes Comunistas debe tomar como base de toda su actividad.

He respondido ya a los puntos: qué debemos aprender y qué es lo que debemos tomar de la vieja escuela y de la antigua ciencia. Tratará también de contestar a la cuestión de cómo aprender esto: Sólo ligando indisolublemente y en todo momento la instrucción, la educación y la formación de la juventud a la lucha de todos los trabajadores contra los explotadores.

Con algunos ejemplos, extraídos de la experiencia del trabajo de ciertas organizaciones de la juventud, quisiera mostrarles ahora, con la máxima claridad, cómo debe hacerse la educación del comunismo. Todo el mundo habla de la liquidación del analfabetismo. Como saben, en un país de analfabetos es imposible construir una sociedad comunista. No basta con que el poder de los soviets dé una orden, o que el partido lance una consigna, o que determinado contingente de los mejores militantes se dedique a esta tarea. Es preciso que la joven generación ponga también manos a la obra. El comunismo consiste en que la juventud, los muchachos y muchachas pertenecientes a la Unión de Juventudes se digan: he aqui el trabajo que nosotros debemos realizar; nos agruparemos e iremos a todos los pueblos a liquidar el analfabetismo, para que la próxima generación no tenga analfabetos. Aspiramos a que toda la iniciativa de la juventud en formación se dedique a esta obra. Ustedes saben que es imposible trasformar rápidamente la Rusia ignorante e iletrada, en una Rusia instruida; pero si la Unión de Juventudes pone en ello su empeño, si toda la juventud trabaja para el bienestar de todos, los 400.000 jóvenes que la componen tendrán el derecho de llamarse Unión de Juventudes Comunistas. Otra de sus misiones es, después de haber asimilado uno u otro conocimiento, la de ayudar a los jóvenes que no han podido desembarazarse por sí mismos de las tinieblas de la ignorancia. Ser miembro de la Unión de Juventudes Comunistas es poner su trabajo y su inteflgenaa al servicio de la causa común. En esto consiste la educación comunista. Sólo por este trabajo se convierten un joven o una muchacha en verdaderos comunistas. Sólo si obtienen en esta labor resultados prácticos, llegar~n a ser comunistas.
Tomen, por ejemplo, él trabajo en las huertas suburbanas. ¿No es ésta una obra de primerísima importancia? Esta es una de las tareas de la Unión de Juventudes Comunistas. El pueblo pasa hamhre, en fábricas hay hambre. Para salvarnos del hambre es preciso desarrollar la horticultura, pero la agricultura se hace a la antigua. Y ahora, es preciso que los elementos más concientes pongan manos a la obra y verán ustedes entonces crecer el número de huertas, aumentar su supe rficie, mejorar el rendimiento. En este trabajo debe participar activamente la Unión de Juventudes Comunistas. Cada una de sus organizaciones o células debe ver en esto su deber inmediato.

La Unión de Juventudes Comunistas debe ser el grupo de choque que en todos los terrenos aporte su ayuda y manifieste su iniciativa, su espíritu emprendedor. La Unión debe ser tal, que todos los obreros vean en sus miembros gente cuya doctrina les sea tal vez incomprensible, en cuyas ideas no crean tal vez inmediatamente, pero cuyo trabajo real y cuya activIdad muestren que son ellos los que indican el verdadero camino.

Si la Unión de Juventudes Comunistas no sabe organizar así su labor en todos los terrenos, es que se desvía hacia el antiguo camino burgués. Necesitamos ligar nuestra educación a la lucha de los trabajadores contra los explotadores, con el fin de ayudar a los primeros a resolver los problemas derivados de la doctrina comunista.

Los miembros de las Juventudes Comunistas deben consagrar todas sus horas de ocio a mejorar el cultivo en las huertas, a organizar en uiia fábrica cualquiera la instrucción de la juventud, etc. De nuestra Rusia pobre y miserable queremos hacer un país rico. Y es preciso que la Unión de Juventudes Comunistas una su formación, su instrucción y su educación a la labor de los obreros y de los campesinos y que no se encierre en sus escuelas ni se limite a leer los libros y folletos comunistas. Sólo trabajando con los obreros y los campesinos, se puede llegar a ser un verdadero comunista. Es preciso que todos vean que cualquiera de los miembros de las Juventudes Comunistas es instruido, y que al mismo tiempo sabe trabajar. Cuando todos vean que hemos eliminado de la antigua escuela la vieja férula, que la hemos reemplazado por una disciplina conciente, que todos nuestros jóvenes participan en los "sábados comunistas", que utilizan los huertos suburbanos para ayudar a la población, empezarán a considerar el trabajo de un modo distinto a como lo consideraban antes.

Los miembros de las Juventudes Comunistas deben, en su pueblo y en su barrio, aportar su contribución, por ejemplo - un pequeño ejemplo - al mantenimiento de la limpieza o a la distribución de víveres. ¿Cómo se hacían las cosas en la vieja sociedad capitalista? Cada uno trabajaba sólo para sí, nadie se ocupaba de si había ancianos o enfermos, o si todos los quehaceres de la casa recaían sobre una mujer, que por ello estaba esclavizada y aplastada. ¿Quién tiene el deber de luchar contra todo esto? La Unión de Juventudes Comunistas, que debe decir: nosotros trasformaremos esto, organizaremos destacamentos de jóvenes que ayudarán en los trabajos de limpieza, en la distribución de víveres, recorriendo sistemáticamente las casas, que trabajarán en forma organizada para el bien de toda La sociedad, repartiendo con acierto las fuerzas y demostrando que el buen trabajo es el trabajo organizado.

La generación que tiene ahora alrededor de so años, no puede pensar en ver la sociedad comunista. Habrá muerto antes. Pero la generación que tiene hoy 15 años, verá la sociedad comunista y será ella la que la construya. Y debe saber que la construcción de esta sociedad es la misión de su vida. En la antigua sociedad, el trabajo se hacía por familias aisladas y nadie lo coordinaba, como no fuesen los terratenientes y los capitalistas, opresores de la masa del pueblo. Nosotros debemos organizar todos los trabajos por sucios o duros que sean, de suerte que cada obrero, cada campesino se digan: yo soy una parte del gran ejército del trabajo libre y sabré, sin terratenientes y sin capitalistas, organizar mi vida, sabré instaurar el régimen comunista. Es preciso que la Unión de Juventudes Comunistas eduque a todos desde la edad temprana en el trabajo conciente y disciplinado. Sólo entonces podremos esperar que los objetivos que nos proponemos sean alcanzados. Debemos tener en cuenta que hacen falta por lo menos diez años para electrificar el país, para que nuestra tierra arruinada pueda aprovechar las últimas conquistas de la técnica. Pues bien, la generación que tiene hoy 15 años y que de aquí a diez o veinte vivirá en una sociedad comunista, debe organizar su educación de manera que cada día, en cada pueblo o ciudad, la juventud resuelva prácticamente una tarea de trabajo colectivo, por minúsculo, por simple que sea. A medida que esto se realice en cada uno de los pueblos, a medida que se desarrolle la emulación comunista, a medida que la juventud muestre que sabe unir sus esfuerzos, quedará asegurado el éxito de la edificación comunista. Sólo considerando cada uno de sus actos desde el punto de vista de este éxito, sólo preguntándose constantemente si lo hemos hecho todo para llegar a ser trabajadores unidos y concientes, sólo a través de este largo proceso agrupará la Unión de Juventudes Comunistas el medio millón de sus miembros en un gran ejército de trabajo y merecerá el respeto general. (Vivos aplausos.)

viernes, 21 de febrero de 2014

CONTRA EL CULTO A LOS LIBROS


Mao Tsetung
(mayo de 1930)
1974. EDICIONES EN LENGUAS EXTRANJERAS. PEKIN

I. QUIEN NO HA INVESTIGADO NO TIENE DERECHO A OPINAR

Si usted no ha investigado un problema, se le priva del derecho a opinar sobre él. ¿Es esto demasiado brutal? No, en lo más mínimo. Puesto que no ha investigado el estado actual del problema ni sus antecedentes, e ignora su esencia, cualquier opinión que exprese al respecto no pasará de ser un disparate. Decir disparates, como todo el mundo sabe, no resuelve nada; así, ¿qué habría de injusto en privarlo del derecho a opinar? Muchos camaradas no hacen más que lanzar disparates con los ojos cerrados; esto es una vergüenza para un comunista. ¿Cómo puede un comunista decir tonterías con los ojos cerrados?

¡Inadmisible!
¡Inadmisible!
¡Hay que investigar!
¡No decir disparates!

II. INVESTIGAR UN PROBLEMA ES RESOLVERLO

¿No puede usted resolver un problema? ¡Pues bien, póngase a investigar su situación actual y sus antecedentes! Cuando haya investigado cabalmente el problema dejándolo claro, sabrá como resolverlo. Toda conclusión se saca después de haber investigado, y no antes. Únicamente un tonto, solo o reuniendo a un grupo de gentes, se devana los sesos para “encontrar una solución” o “elaborar una idea” sin hacer ninguna investigación. Debe subrayarse que esto no conducirá en absoluto a ninguna solución eficaz, a ninguna idea provechosa. En otras palabras, lo único que puede hacer ese tonto es deducir soluciones erróneas, ideas equivocadas.

No son pocos los inspectores, jefes de guerrillas y cuadros recién nombrados que gustan de hacer pronunciamientos políticos apenas llegan a un lugar, y se pavonean criticando esto y censurando aquello cuando sólo han visto algunas apariencias o detalles menores de las cosas. En realidad nada hay más detestable que esa manera puramente subjetiva de decir disparates. Sin duda, esa gente estropeará las cosas, perderá la confianza de las masas y no será capaz de resolver ningún problema.

Muchos de los que ocupan cargos dirigentes se limitan a exhalar suspiros ante los problemas difíciles, sin poder resolverlos. Pierden la paciencia y piden ser trasladados, alegando que por falta de capacidad no están a la altura de su trabajo. Estas son palabras propias de cobardes. Pues bien, ponga usted los pies a andar, recorrer cada sector o lugar que se encuentre bajo su responsabilidad y “pregúntelo todo”[1], como hacía Confucio, y entonces, por más pobre que sea su capacidad, sabrá encontrar soluciones, pues si antes de salir de la oficina no hay nada en su cabeza, de regreso ésta ya no se hallará vacía, sino provista de todo tipo de materiales necesarios para la solución de problemas; es así como éstos se resuelven. ¿Es indispensable salir? No forzosamente. Puede usted convocar a una reunión de investigación a personas familiarizadas con la situación, a fin de hallar el origen de ese que usted considera un problema difícil y enterarse de su estado actual; entonces le será fácil resolverlo.

La investigación se asemeja a los largos meses de gestación, y la solución del problema, al día del parto. Investigar un problema es resolverlo.

III. CONTRA EL CULTO A LOS LIBROS

Todo lo que está escrito en los libros es correcto: tal es la mentalidad que hasta hoy subsiste entre los campesinos chinos, que son culturalmente atrasados. Pero, cosa extraña, en las discusiones dentro del Partido Comunista también hay gente que tiene a flor de labios esta frase: “Muéstreme el libro en que ese esta escrito.” Cuando decimos que una instrucción de un organismo superior es correcta, no es porque simplemente provenga de un “organismo dirigente superior”, sino porque su contenido se adapta a las circunstancias objetivas y subjetivas de la lucha y responde a sus necesidades. Una actitud formalista muy errónea es ejecutar ciegamente las instrucciones sin discutirlas ni examinarlas a la luz de las condiciones reales, basándose de modo exclusivo en el concepto de “organismo superior”. Ha sido precisamente debido a la dañina influencia del formalismo que la línea táctica del Partido no ha podido arraigar profundamente en las masas. Cumplir una instrucción de un organismo superior a ciegas y aparentemente sin objeción alguna, no es aplicarla de veras, sino que de hecho constituye la manera más hábil de oponerse a ella o de sabotearla.

También en las ciencias sociales el método de estudio que se basa únicamente en los libros es en sumo grado peligroso y hasta puede conducir el camino contrarrevolucionario. Evidente prueba de ello es el hecho que muchos comunistas chinos que se aferraban exclusivamente a los libros en su estudio de las ciencias sociales se han convertido, unos más temprano y otros más tarde en contrarrevolucionarios. Si afirmamos que el marxismo es correcto, no es en absoluto porque Marx haya sido un “profeta”, sino porque su teoría ha demostrada ser acertada en nuestra práctica y en nuestra lucha. El marxismo es indispensable en nuestra lucha. El marxismo es indispensable en nuestra lucha. Al aceptar esta teoría, no nos anima ninguna idea formalista, ni mucho menos mística como la de “profecía”. Muchos de los que han leído libros marxistas se han convertido en renegados de la revolución, mientras que frecuentemente obreros analfabetos llegan a dominar el marxismo. Por supuesto, debemos estudiar libros marxistas, pero tenemos que combinar el estudio con las condiciones reales de nuestro país. Necesitamos de los libros, pero tenemos que superar la tendencia a rendirles culto, que nos lleva a divorciarnos de la realidad.

¿Cómo podemos superar el culto a los libros? El único medio es investigar la situación real.

IV. SI NO SE INVESTIGA LA SITUACIÓN REAL, SE CAE INEVITABLEMENTE EN UNA APLICACIÓN IDEALISTA DE LAS CLASES Y EN UNA ORIENTACIÓN IDEALISTA DEL TRABAJO, LO QUE CONDUCE AL OPORTUNISMO O AL PUTCHISMO.

¿No cree usted en esta conclusión? Los hechos le obligarán a creer en ella. Ensaye a hacer una apreciación de la situación política o dar orientación a la lucha sin hacer investigaciones sobre la realidad, y verá si es cierta o no la afirmación de que tales apreciación y orientación son vacías e idealistas, y si conducen o no a errores de oportunismo o putchismo. La respuesta sin duda será afirmativa. Esta no se debe a que haya habido negligencia en la elaboración del plan antes de actuar, sino a que ha habido descuido en el estudio de la situación real de la sociedad antes de elaborar el plan, como sucede con frecuencia en las unidades guerrilleras de nuestro Ejército Rojo. Oficiales del tipo Li Kui[2] castigan a ciegas a sus hombres una vez que estos son cogidos en falta. Como resultado de ello, los castigados se quejan, surgen muchas discordias y los jefes pierden todo su prestigio. ¿No ocurre esto a menudo en el Ejército Rojo?

Sólo desechando el idealismo y previniéndose contra la aparición de cualquier error de oportunismo y putchismo, podremos ganarnos a las masas y derrotar al enemigo. Y sólo investigando esforzadamente la situación real lograremos desechar el idealismo.

V. LA INVESTIGACIÓN SOCIOECONÓMICA TIENE POR OBJETO LOGRAR UNA CORRECTA APRECIACIÓN DE LAS CLASES Y FORMULAR LUEGO UNA JUSTA TÁCTICA DE LUCHA.

Con estas palabras respondemos a la pregunta de para qué realizar investigaciones socioeconómicas. Para eso, el objeto de nuestra investigación son las diferentes clases sociales y no fenómenos sociales fragmentarios. En los últimos tiempos, los camaradas del 4º Cuerpo de Ejército del Ejército Rojo en general han prestado atención al trabajo de investigación[3], pero muchos de ellos han utilizado métodos erróneos. El resultado de su investigación se parece a las enmarañadas cuentas de un tendero, a los asombrados relatos de un aldeano que acaba de conocer la ciudad o a los contornos de una ciudad populosa vista desde lo alto de una montaña. Semejante investigación es de poco valor y no nos permite alcanzar nuestro objetivo fundamental, que es conocer la situación política y económica de las diversas clases sociales. Las conclusiones extraídas de nuestra investigación deberán darnos un cuadro de la situación actual de cada clase, así como de las etapas de florecimiento y decadencia vividas en su desarrollo. Por ejemplo, cuando investigamos la composición del campesinado, no solo debemos conocer el número de los campesinos ricos, medios y pobres, que se distinguen por la clase o la capa social a que pertenecen. Cuando investigamos la composición social de los comerciantes, no basta con saber el número de las personas dedicadas a cada uno de los ramos como el de cereales, vestido, hierbas medicinales, sino que es necesario investigar especialmente el número de pequeños, medianos y grandes comerciantes. Debemos investigar no sólo la situación de cada ramo, sino, en particular, conocer su composición de clase. No solamente debemos investigar las relaciones entre los diferentes ramos, sino especialmente entre las distintas clases. Nuestro principal método de investigación es hacer la disección de las diversas clases sociales; nuestra meta final es conocer sus interrelaciones, llegar a una correcta apreciación de las clases y determinar luego una correcta táctica para nuestra lucha, definiendo cuáles son las clases que constituyen la fuerza principal en la lucha revolucionaria, cuáles las que debemos ganarnos como aliados y cuáles las que debemos derribar. He aquí nuestro objetivo.

¿Cuáles son las clases sociales que merecen nuestra atención cuando investigamos? Son las siguientes:

El proletariado industrial
Los obreros artesanos
Los asalariados agrícolas
Los campesinos pobres
Los pobres de la ciudad
El lumpemproletariado
Los artesanos
Los pequeños comerciantes
Los campesinos medios
Los campesinos ricos
La clase terrateniente
La burguesía comercial
La burguesía industrial

En el curso de nuestra investigación, debemos prestar atención a la condición de todas estas clases (o capas sociales). Las únicas clases ausentes en las zonas donde trabajamos ahora, son el proletariado industrial y la burguesía industrial; con las demás tropezamos a cada momento. Nuestras tácticas de lucha no son otra cosa que las tácticas respecto a todas estas clases y capas.

Otro serio defecto de nuestras investigaciones ha sido poner un énfasis excesivo en las zonas rurales descuidando las ciudades, de manera que muchos camaradas han tenido siempre una vaga idea acerca de nuestras tácticas para con los pobres de la ciudad y la burguesía comercial. Con el desarrollo de la lucha nos hemos trasladado de las montañas a las llanuras[4]. Físicamente hace ya mucho tiempo que bajamos de las montañas, pero espiritualmente todavía estamos allí. Debemos conocer tanto las ciudades como el campo, pues de lo contrario no podremos responder a las necesidades de la lucha revolucionaria.

VI. LA VICTORIA DE LA LUCHA REVOLUCIONARIA EN CHINA DEPENDE DEL CONOCIMIENTO QUE LOS CAMARADAS CHINOS ADQUIERAN DE LAS CONDICIONES DEL PAÍS

Nuestra lucha tiene por objetivo pasar de la democracia al socialismo. En esta tarea el primer paso es concluir la revolución democrática, ganándonos a la mayoría de la clase obrera y movilizando a las masas campesinas y los pobres de la ciudad para derribar a la clase terrateniente, al imperialismo y al régimen kuomintanista. Luego, con el desarrollo de la lucha, debemos llevar a cabo la revolución socialista. El cumplimiento de esta gran tarea revolucionaria no es empresa simple ni fácil; dependerá enteramente de la justeza y firmeza de la táctica que el partido del proletariado adopte en su lucha. Si esta táctica de lucha es errónea o vacilante, la revolución sufrirá sin duda una derrota temporal. Hay que tener en cuenta que los partidos burgueses también discuten constantemente sus tácticas de lucha. Para ellos, se trata de cómo difundir las ideas reformistas entre la clase obrera para alejarla, mediante engaños, de la dirección del Partido Comunista, de cómo atraerse a los campesinos ricos para aplastar los levantamientos de los campesinos pobres de cómo agrupar a los elementos lumpen para reprimir las luchas revolucionarias, etc. En una situación en que la lucha de clase se agudiza cada día más y se realiza cuerpo a cuerpo, para lograr su victoria el proletariado tiene que apoyarse por entero en la justeza y firmeza de la táctica de lucha de su partido, el Partido Comunista. Una correcta y firme táctica de lucha del Partido Comunista en modo alguno puede ser elaborada por unas cuantas personas encerradas entre cuatro paredes, sino que sólo puede nacer de la lucha de las masas, de la experiencia práctica. Por lo tanto, en todo momento debemos estar al corriente de la situación social y efectuar investigaciones sobre la realidad. Aquellos camaradas que tienen ideas rígidas, conservadoras, formalistas y de optimismo sin fundamento, creen que la actual táctica de lucha es perfecta, que los “libros”[5] del VI Congreso Nacional del Partido garantizan la victoria para siempre y basta con acatar sus resoluciones para salir victoriosos en todas partes. Estos puntos de vista son absolutamente erróneos y no tienen nada en común con la línea ideológica de los comunistas que crea situaciones nuevas a través de la lucha; representa una línea puramente conservadora. Esta línea conservadora, a menos que sea desechada definitivamente ocasionará graves pérdidas a la revolución y perjudicará a esos mismos camaradas. Obviamente, en nuestro Ejército Rojo hay ciertos camaradas que se muestran satisfechos con el estado actual de cosas, no tratan de comprender los hechos a fondo, sienten un optimismo infundado y fomentan la falsa idea de que “el proletariado es así”. Ellos no hacen más que comer todo el día y dormitar en sus oficinas sin querer dar un solo paso hacia la sociedad para hacer investigaciones entre las masas. Cada vez que hablan dicen las mismas perogrulladas, que fastidian a la gente. Para hacer que esos camaradas despierten debemos elevar nuestra voz y gritarles:

¡Despréndanse sin demora de sus ideas conservadoras!
¡Reemplácenlas por las ideas combativas y progresistas propias de los comunistas!
¡Intégrense a la lucha!
¡Vayan a las masas a investigar la realidad!

VII. TÉCNICA DE INVESTIGACIÓN.

1) Convocar reuniones de investigación e investigar en ellas por medio de discusiones.
Esta es la única manera que le permite a uno acercarse a la verdad y extraer conclusiones. En cambio, el método de ceñirse a escuchar las experiencias de una sola persona sin celebrar reuniones de investigación para averiguar los hechos por medio de discusiones, conduce fácilmente a errores. No es posible sacar conclusiones más o menos correctas en reuniones en las que sólo se formulan preguntas al azar en vez de someter a debate cuestiones especiales.

2) ¿A quién se debe convocar a las reuniones de investigación?
A los que estén familiarizados con las condiciones socioeconómicas. Respecto de la edad, son preferibles los viejos, porque tienen rica experiencia y no sólo conocen el estado actual de las cosas sino también sus causas y efectos. También debe incluirse a jóvenes que posean experiencia de lucha, pues éstos tienen ideas progresistas y un agudo sentido de observación. En cuanto al tipo de observación, entre los asistentes debe haber obreros, campesinos, comerciantes, intelectuales, y a veces soldados e incluso vagabundos. Naturalmente, cuando se trate de un tema específico, no será necesaria la presencia de aquellos que no tengan nada que ver con el asunto. Por ejemplo, no hace falta la asistencia de obreros, campesinos y estudiantes cuando se trate de una investigación sobre el comercio.

3) ¿Una reunión de investigación debe ser numerosa o reducida?
Eso depende de la capacidad que tenga el investigador para conducir una reunión. Para el que sea idóneo en esta materia, el número de los asistentes puede llegar a una docena o pasar de veinte. Una reunión numerosa tiene sus ventajas: permite obtener estadísticas relativamente precisas (por ejemplo, sobre el porcentaje que los campesinos pobres ocupan dentro del campesinado) y sacar conclusiones más o menos acertadas (por ejemplo, ¿cuál de estas dos formas de distribución de la tierra es mejor: la distribución por igual o la diferenciada?). Por supuesto, una reunión, así también tiene sus desventajas: para el que no sepa manejarla, le será difícil mantener el orden. En fin de cuentas, el número de los concurrentes a una reunión depende de la competencia del investigador, pero la reunión debe tener por lo menos tres participantes. De otra manera, la información obtenida será demasiado limitada como para que corresponda a la situación real.

4) Confeccionar un plan detallado para la investigación.
Es necesario preparar de antemano un plan detallado; de acuerdo con éste, el investigador hará preguntas para que la respondan los participantes. Los puntos que no estén claros o encierren dudas deben ser sometidos a discusión. El plan de investigación debe constar de capítulos y renglones específicos. Por ejemplo, si el capítulo es el comercio, puede haber renglones como: telas, cereales, artículos diversos, hierbas medicinales; y bajo el renglón “telas”, pueden incluirse puntos como percal, telas de fabricación cacera, seda y satén, etc.

5) Participar personalmente.
Todos los que ocupen cargos dirigentes, desde los presidentes de gobierno cantonal hasta el presidente del gobierno central, desde los jefes de destacamento hasta el comandante en jefe, desde los secretarios de células hasta el secretario general del Partido, deben haber personalmente investigaciones sobre la realidad socio-económica y no depositar su confianza tan sólo en los informes escritos, pues investigar es distinto a leer informes.

6) Investigar a fondo.
Todo el que emprenda por primera vez la labor de la investigación, debe hacer una o dos investigaciones profundas para adquirir conocimiento cabal de un lugar (digamos una aldea o una ciudad) o de un problema (por ejemplo, los cereales o la moneda). Logrado este conocimiento, se orientará más fácilmente en las futuras investigaciones sobre otros lugares o problemas.

7) Tomar uno mismo los apuntes.
El investigador no sólo debe presidir él mismo las reuniones de investigación y dirigir de manera apropiada a los concurrentes, sino también tomar personalmente los apuntes para registrar los resultados. No es conveniente que otros lo hagan por él.

NOTAS

[1] Véase Analectas de Confucio, libro III, “Pa Yi”: “Cuando Confucio entraba al templo Ancestral, lo preguntaba todo”.

[2] Héroe de la famosa novela china A la orilla del agua, que describe una guerra campesina ocurrida a finales de la dinastía Sung del Norte (960-1127). Es un personaje sencillo, franco y muy leal a la causa revolucionaria de los campesinos, pero sin tacto y de modales bruscos.

[3] El camarada Mao Tse-tung siempre ha dado gran importancia a la investigación social como la tarea primordial en el trabajo de dirección y como la base para definir la política. Por iniciativa suya, la labor de investigación fue desarrollándose gradualmente en el 4º Cuerpo de Ejército del Ejército Rojo. Además, el camarada Mao Tse-tung hizo de la investigación social una norma de trabajo, y el Departamento Político del Ejército Rojo elaboró formularios detallados que comprendían temas tales como el estado en que se encontraba la lucha de las masas, la situación de los reaccionarios, la vida económica del pueblo y la cantidad de tierra que poseían las distintas clases rurales. Adonde iba el Ejército Rojo, primero investigaba la situación de las clases en la localidad y luego formulaba consignas que correspondían a las necesidades de las masas.

[4] Por “montañas” se entiende la región de montañas Chingkang, situada en los límites entre las provincias de Chiangsi y Junán, y por “llanuras” el Sur de Chinagsi y el Oeste de Fuchien. En enero de 1929, las fuerzas principales del 4º Cuerpo de Ejército del Ejército Rojo, al mando del camarada Mao Tse-tung, dejaron las montañas Chiangkang para dirigirse al Sur de Chiangsi y Oeste de Fuchien y establecer allí dos grandes bases revolucionarias.

[5] Se refiere a las resoluciones adoptadas en el VI Congreso Nacional del Partido Comunista de China celebrado en julio de 1928, que incluían la resolución política y las resoluciones sobre la cuestión campesina, la cuestión agraria, la organización del poder, etc. A comienzos de 1929, el Comité del Frente del 4º Cuerpo de Ejército del Ejército Rojo publicó estas resoluciones en forma de folleto para su distribución entre las organizaciones del Partido en el Ejército Rojo y las organizaciones locales del Partido.